Cuando se habla de que Venezuela debe cambiar y para ello necesita la ayuda internacional, pareciera que no nos hemos detenido a pensar de manera profunda y profusa si a la comunidad internacional (anterior y actual) le convino y le conviene este cambio. Si nos atenemos a la simbolización democrática, la respuesta obvia seria “Sí”, le conviene, pero deberíamos preguntarnos antes de emitir una respuesta tan rotunda, cuál es el peso real que le daría determinado gobierno a la aclamada democracia de otros países (aliados o adversarios) en contraposición a los intereses capitales de dicho país.
Empecemos por ver los países que han sido durante estos 17 años aliados del gobierno chavista. ¿Qué han obtenido estos países (por cierto, siempre a través de los empresarios de esos países)?: Suministro de petróleo bajo condiciones insólitas (financieramente hablando); renegociaciones de deuda excesivamente ventajosas; creación de mercado para los productos elaborados y para los servicios prestados por sus empresarios; destrucción de la competencia interna; obtención de favorables concesiones sobre los recursos naturales de la nación, lesivas para esta; posiciones negligentes a su favor en temas territoriales; construcción de infraestructuras en sus países solo a cambio de colocarle el nombre del ilustre personaje galáctico, o más bien diría yo, intraterrestre; en general muchos beneficios y como perjuicio








